
La taza de chocolate necesita baristas
Colombia produce cacaos finos, pero le falta promover que se tome chocolate.
El vino tiene sus ’sommelie r s’ y el café, sus baristas, personas que dan cuenta de las calidades de la bebida en que se especializan y por ello facilitan una mejor experiencia de consumo.
Pero a la taza de chocolate le faltan expertos, pese a que en el siglo XVI llegó a Europa con el título de ‘bebida de la realeza’. Y quizás esa sea la razón por la que expertos chocolateros llaman la atención sobre la ausencia de chocolate de mesa en restaurantes a manteles de países productores de cacaos finos, como Colombia.
“El chocolate necesita de baristas que lo desarrollen, como ocurrió con el café -dice el barista especializado en café Luis Vélez-. Pasa como con todo en la cocina: los alimentos requieren de alguien que conozca de cada una de las partes del proceso de preparación”.
Agrega que sería muy distinta la valoración de esta taza, tan propia de nuestra cultura, “si a uno le ofrecen y le dan un chocolate servido por alguien que explique su porcentaje de azúcar y de manteca de cacao y su relación con el grado de sabor amargo”.
El chef Ignacio Cajiao afirma que no ha visto baristas especializados en el tema, pero sí catadores de chocolate para bombonería. “Tiene que ver con la forma como se ha clasificado: se le ha dado al cacao un énfasis como materia prima en repostería. Mientras, el café y el té se cotizan en bolsa como bebida”.
Por esto, los lugares que lo ofrecen, por lo general, incluyen una única preparación. “En las barras de café encuentras preparaciones distintas, a precios que discriminan su mayor o menor elaboración”, dice el chef. “Tener baristas de taza de chocolate tendría ventajas -enfatiza Vélez-: promover el consumo, dar conocimiento al consumidor, educarlo y desmitificar cosas sobre la bebida. Es lo que ha pasado con el café: antes era visto como una bebida dañina para la salud, y por el trabajo de los baristas se sabe que el daño lo hace el café mal preparado”.
De hecho, empresas como CasaLuker tienen un laboratorio para desarrollar formas óptimas de aprovechar el chocolate tradicional que prima en el gusto colombiano. Por el momento, su labor se ha centrado en educar en torno a los mitos que juegan en contra del sabor:
“Un ejemplo son los tres hervores, aplicados a la taza de chocolate en leche -dice Víctor Castaño, de esta empresa-. Hoy no se hace así, porque la leche que usamos ha cambiado. Las abuelas lo preparaban con la de cantina, recién ordeñada.
Hoy, la pasteurizada daña el chocolate. Hervirlo tantas veces lo pone más oscuro, más dulce, le resta valor nutricional y queda con natas”. En cambio, una buena taza depende del batido. “No solo de que el molinillo sea de madera. Hay que saberlo batir y eso se nota en una buena formación de espuma (duradera) y en que no tenga grumos”.
Ahora, escoger hacerlo en agua o en leche depende del gusto, aunque en sitios tradicionales como La Puerta Falsa, en Bogotá, indican que la tradición americana antigua requería prepararlo en agua. “La mezcla con leche nació en Suiza a principios del siglo XX”, dice Carlos Sabogal, al frente del lugar, abierto en la época de la Independencia. En Alice’s Cherries lo sirven con masmelos. Milton Díaz Una taza de chocolate tiene un alto valor nutricional.
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