| Muerte del famoso chef Kendon MacDonald Smith consterna al mundo de la culinaria |
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| domingo, 24 de febrero de 2008 | |
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La noticia de su fallecimiento, al parecer por un infarto, impactó no sólo por la fama que lo acompañaba, sino porque también era reconocido como una persona atrevida. MacDonald se atrevió a muchas cosas. Se atrevió a convertirse en el crítico gastronómico más importante que ha tenido el país. Se atrevió a darle impulso a una industria que parecía dormida. Se atrevió a mover a los restauranteros, a los críticos, a los maestros de la buena mesa en favor de causas sociales. Pero el atrevimiento del que más se ufanaba era el de ser colombiano. Había nacido en la isla de Lewis (Escocia) y allí se crió. Pero tan pronto pudo conquistar el mundo eligió a Colombia como el país que lo vería crecer, obrar y morir. Vino buscando, como él mismo repetía, el paraíso macondiando que conoció a través de las páginas de 'Cien años de soledad'. Con una corbata en colores amarillo, azul y rojo recibió la nacionalidad colombiana en noviembre del 2006, y rodeado de sus mejores amigos, todos colombianos. Su gran sentido de responsabilidad social y del compromiso con este país, lo llevaron a organizar eventos para recaudar fondos a favor de la Fundación Tejido Humano, el programa Bogotá sin Hambre, la Fundación Pies Descalzos y la Fundación Andes. Ahora su gran sueño era crear su propia fundación, la cual se dedicaría a la educación gastronómica en las regiones más vulnerables de Colombia. En muy poco tiempo se convirtió en un ícono de la gastronomía en Colombia y su lucha fue por ubicarla en los principales renglones a nivel mundial, impulsar y apoyar los festivales gastronómicos en todas las regiones del país y asesorar restaurantes, academias de cocina y empresas de alimentos. Fue tal su pasión por la cocina colombiana que en diciembre pasado lanzó sus productos enlatados de línea gourmet de sopas colombianas como ajiaco, sancocho y mondongo. Escribió dos libros 'Mi cocina' y 'Sabores de Colombia'. Y estaba por editar recetas de cocina acompañadas de sus experiencias gastronómicas en Colombia. Sus días comenzaban sobre las 4 de la madrugada, hora en que se dedicaba a la labor que más lo satisfacía: escribir columnas para EL TIEMPO y para revistas como Jet Set, Avianca en revista, Diners, Vamos, Plan B y El Colombiano. De hecho, en este diario la última columna la publicó precisamente este sábado, con el título 'Una audiencia con doña Fanny', dedicada a la directora del Festival de Teatro Fanny Mikey. Luego se dedicaba a llamar a sus amigos y a Nubia Sarmiento, su mano derecha, quien ayer, por primera vez, extrañó su llamada. Salía, entonces, a cumplir su primera cita en la emisora Santa Fe, en el noticiero de Édgar Artunduaga, y regresaba a su casa a desayunar y a seguir escribiendo o salía a cumplir sus citas, sus almuerzos y sus actividades de asesorías a nivel nacional. Nunca contó su edad, ese era el gran secreto que le hacía desprender muchas sonrisas, como tampoco hablaba mucho de su pasado. En cambio se enorgullecía de su presente y soñaba con todas las cosas que podía hacer para sembrar patria. Los niños menos favorecidos despertaban en él toda la sensibilidad de un hombre que descubrió que era capaz de mover montañas para conseguir ayuda, dinero y compromiso alrededor de la vida de los más necesitados. Los momentos previos a su muerte MacDconald había llegado la noche del viernes a la capital vallecaucana, donde había sido invitado como chef especial al restaurante Passion, en el sector de Granada, para la celebración del cumpleaños de su propietario Carlos Yanguas. Conocidos del famoso chef lo vieron en varias visitas fugaces que hizo a restaurantes de esta zona a los cuales asesoraba. "Él pasó a las 10:00 de la noche y saludó a todos como era su costumbre. Era una persona muy especial", recordó Fainury Murillo, empleada del restaurante Carambolo. La última vez que ingresó al edificio fue a las 4:00 de la madrugada. Como acostumbraba dormir hasta tarde, sus amigos lo fueron a buscar a las 2:00 p.m., pero no respondió y se vieron obligados a forzar la puerta. Solicitaron el apoyo de las autoridades, que lo encontraron sin vida. Nelly Benítez de Serna, conocida del chef, lamentó su muerte y dijo que hace ocho días cuando se lo encontró en un centro comercial con mucho cariño como era su costumbre le había llamado la atención por su sobrepeso y su abundante cabellera. "Kenditol, cuídate", le dijo. Reacciones
Artículo tomado de: El Tiempo - Colombia Comentarios (0)
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El también crítico de gastronomía fue hallado sin vida este sábado en la habitación 1101 de la Torre de Juanambú, en Cali, luego de celebrar el cumpleaños a su amigo Carlos Yanguas.


