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Colombiana demanda al restaurante Cipriani Imprimir E-Mail
domingo, 04 de noviembre de 2007

“Nadie sabe lo que pasa ahí dentro, solamente nosotros los que trabajamos”, comenta Lastenia Amparo Torres, la mesera colombiana que acaba de someter una demanda contra uno de los restaurantes más famosos de Nueva York.

“Yo me sentía que estaba en una jaula de lobos”, dijo ayer Torres, agregando que ha sido cuesta arriba mantener su trabajo durante siete años en uno de los restaurantes de la cadena Cipriani, en la Quinta Avenida de Manhattan.

El plato del día para las que trabajan en Cipriani son los insultos, señala Torres. Indica que poco ha cambiado desde el 2000, cuando los dueños de Cipriani firmaron un acuerdo en corte prometiendo que no discriminarían en la contratación de mujeres.

La demanda presentada por Torres ante la Corte Suprema en Manhattan alega que un grupo de meseros y otros empleados de Cipriani, protegidos por la gerencia, insultan abierta y groseramente a las mujeres que trabajan allí.

El restaurante considera que la demanda es “completamente frívola y sin fundamento”, dijo el vocero de Cipriani, Chris Giglio. Indicó que a lo largo de los años, Torres ha presentado “una serie de quejas” y que cada una de ellas fue “tomada seriamente y atendida” por la gerencia del restaurante.

Torres, por su parte describe un ambiente de hostigamiento continuo y quejas que caían en oídos sordos incluso del dueño, Giuseppe Cipriani.

Los meseros decían que las mujeres “servíamos para el sexo, que servíamos para la cama, que nosotras no podíamos hacer el trabajo de los hombres”, relata Torres.

Dijo que uno de los casos llegó a la agresión física, cuando ella iba cargando dos bandejas con platos de comida caliente y copas de vino —bandejas que pesan hasta 60 libras de acuerdo a la trabajadora— y uno de los empleados pellizcó fuertemente el brazo de Torres, buscando que se le cayeran las bandejas. Cuenta que llevó la querella a la Policía, y en respuesta el restaurante despidió al otro empleado. Pero a partir de ese momento tomó fuerza la campaña de hostigamiento, señala.

Relata por ejemplo, que un día la llamaron para atender a una mesa y otro empleado le dijo “¿por qué te llaman a ti, que eres una vieja horrible, ni siquiera los perros te quieren mirar?”. En otra ocasión le dijeron obscenamente que había una forma de lograr que ella subiera más rápido las escaleras, y le decían “india tonta”, indica la trabajadora. También frente a ella describían actos sexuales en términos crudos o se referían a otras mujeres —comensales o empleadas— con insultos obscenos. Y a un trabajador negro lo insultaban por su raza también, se indica en la demanda. Los insultos generalmente eran en español y se hacían en plena sala, porque los meseros saben que la mayoría de los clientes de Cipriani no entiende español, dice Torres.

La mayoría de las meseras contratadas no lograba durar, cuenta Torres. “Trabajaban super bien e igual las botaban, o igual se iban”, relata la mesera caleña. “Se iban llorando”.

Torres indica que ha logrado permanecer en Cipriani por siete años porque sabe hacer el trabajo y porque necesita el empleo.

“Yo soy madre soltera, tengo tres hijos, y gracias a Dios he sacado a mis hijos adelante”, declara. “Y ellos se mueren de la risa, y están sacando bastante dinero” porque aparte de los insultos, las mujeres en Cipriani también han tenido que aceptar puestos que pagan menos, agregó.

El portavoz de Cipriani dijo que el restaurante tiene “reglas muy fuertes contra el discrimen y el hostigamiento sexual” y que se hacen cumplir estrictamente esas reglas.

 


Artículo tomado de: El Diario - USA
Escrito por: María Vega
 

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