| Arte y cocina |
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| sábado, 08 de septiembre de 2007 | |
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Artículo tomado de: La Patria - Colombia El gran mérito de Dorothée Selz fue despertar, entre los asistentes y estudiantes de la Escuela de Gastronomía del Sena, una nueva sensibilidad estética asociada con la cocina. Los artistas que trascienden son aquellos que rompen esquemas y paradigmas y realizan cosas que a nadie se le habían ocurrido antes. Por eso el proceso creativo de un pintor, como el de un escritor, es, a veces, ingrato, pues no siempre logramos impactar a un público expectante y deseoso del disfrute estético. Se afirma, por ejemplo, que cuando Fernando Botero vivía, en la década de los 50´s, en Nueva York, una noche en el apartamento del pintor mexicano José Luis Cuevas, Botero se quejaba ante su amigo del poco éxito que tenían sus obras. Y Cuevas le dijo que lo que pasaba era que él no había encontrado su estilo, su sello característico. En ese momento, el artista de moda en el mundo entero era el figurativista francés Bernard Buffet, quien realizaba unas figuras alargadas, delgadas, por el estilo de El Greco. Y José Luis, medio en broma expresó: “Mira, Fernando, si a Buffet le ha ido tan bien pintando figuras delgadas, tú, que tienes un gran talento, por qué no pintas figuras gordas, algo que nadie ha hecho”. Botero celebró el consejo con una gran carcajada y siguieron tomándose sus copas. Pero al otro día empezó a experimentar esbozando gordos y gordas. Así encontró su estilo y su genialidad. Ya el resto de la historia todos la conocemos. Es el pintor colombiano por excelencia. El pasado jueves, en las instalaciones del Sena, se llevó a cabo una exposición de la pintora parisina Dorothée Selz que nos causó impacto y admiración. Ella, desde 1970, empezó a experimentar o a fusionar arte y cocina, rompiendo códigos y haciendo una propuesta novedosa. No olvidemos que en Francia la cocina es un tema cultural por excelencia. Pues bien, lo que vimos fueron tres grandes instalaciones o esculturas hechas de icopor recubiertas con azúcar y pintadas con llamativos colores que llevaban incrustaciones de productos de la cocina caldense. Fueron 17.000 pinchos de bombones, bocadillos, suspiros, quesos, pepinos, zanahorias, chontaduros, remolachas, coliflores, chocolatas, fresas, uvas, uchuvas y muchos otros comestibles, frutos y verduras nuestros esparcidos estéticamente por estas esculturas. De entrada, el colorido y la forma en que estaban distribuidos los pinchos era un bello espectáculo. Fue una verdadera fiesta visual, olfativa y gustativa, la que pudimos disfrutar, pues, al final, todos los asistentes probamos tan provocativos pasabocas. Por eso sus esculturas se consideran obras efímeras. El gran mérito de Dorothée Selz, quien habla un buen español, fue despertar, entre los asistentes y estudiantes de la Escuela de Gastronomía del Sena, una nueva sensibilidad estética asociada con la cocina. Y nos enseñó a sentirnos orgullosos de la gran riqueza que tenemos en nuestros productos agrícolas y en nuestra cocina. Esta exposición enmarcada dentro de lo que se conoce como “Happening”, es decir donde hay una interacción entre el artista y el público, marcó un hito en la historia del arte local y del mismo Sena. Francisco Javier Jaramillo, Froilán Ramírez y Lina Gómez Eastman, funcionarios de esta institución, y los cuarenta estudiantes que ayudaron al montaje de las tres esculturas, deben sentirse muy satisfechos por habernos permitido este deleite estético, visual y gastronómico. Seguramente el día de mañana, ojalá no muy lejano, surgirá un artista colombiano que haga este tipo de propuestas. La exuberancia de nuestra agricultura amerita que el talento nacional, que es muy grande, nos dé la oportunidad de tener a un artista haciendo propuestas de esa fusión entre arte y cocina. ¡Qué bueno que fuese un caldense! Comentarios (0)
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